sábado, 11 de julio de 2015

¿Eres el Hámster de tu Negocio?



ActionCOACH Lic María Inés Morán
Los hámster son unos simpáticos roedores que se han convertido en mascotas muy populares por el bajo mantenimiento que hay que brindarles y el poco espacio que requieren: por lo general basta una jaula de tamaño mediano que tenga un lecho de cáscaras de arroz, su alimento, y una enorme rueda donde pasan gran parte de sus horas de vigilia corriendo sobre ella.
El comportamiento de estos dóciles animalitos ocasiones me recuerda a algunos emprendedores, quienes a pesar de tener todo el apresto necesario, se encuentran atrapados en una rueda, girando y dando vueltas sin llegar a ningún lado, gastando enormes energías con exiguos resultados. ¿Crees que de esta forma logren obtener las recompensas que ofrece la posesión de su negocio?.
Este tipo de dueño de negocio pareciera no darse cuenta que su productividad se mide no en la cantidad de trabajo que ejecute, sino en hacer que su negocio trabaje para él, y no  al contrario. Es la trampa del autoempleado. ¿Qué se debe hacer para poder salir de esa desgastante rueda de hámster?. Ese es uno de los grandes retos del emprendedor: Dejar de hacer lo que está haciendo y desempeñarse como lo hacen las personas exitosas. 
Para ActionCOACH, la definición de un negocio es una empresa comercial y rentable que trabaja sin ti.
Un buen comienzo es dejar de comportarte como el empleado más trabajador de tu negocio y comienza a asumir que lo que necesitas es convertirte en el CEO ( Chief Executive Officer, por sus siglas en inglés), que es la persona que tiene a su cargo la máxima dirección administrativa y de gestión.
¿Por qué haces tanto trabajo operativo?, tu verdadera función de dueño es proyectar los grandes planes, proyectos, objetivos,  supervisar que todo funcione correctamente y de acuerdo a la planeación que, junto a tu equipo de trabajo, hayas  concebido resumida en metas semanales, mensuales  y anuales.
¿Quien hará tu trabajo? comienza por ahí, busca la mejor manera de sistematizar, y delegar tu oficio para que te bajes de la rueda del hámster en la cual estás atrapado como autoempleado, para que puedas sentirte el dueño de tu propio negocio sin la necesidad ansiosa de estar dando vueltas en la rueda.